El Club Social y Deportivo San Martín, conocido en todo el ascenso como San Martín de Burzaco, es mucho más que un equipo de fútbol: es una parte viva de la historia de Burzaco y del partido de Almirante Brown. Fundado el 1.º de mayo de 1936, hoy compite en la Primera B, pero su esencia sigue estando en el barrio, en sus calles y en generaciones de hinchas que crecieron alrededor del club.
La historia empieza en la década de 1930, cuando un grupo de vecinos fanáticos del fútbol se reunía en la esquina de San Martín y 25 de Mayo, en Almirante Brown. De esas charlas y de la necesidad de tener un club propio nació la institución. El nombre “San Martín” surgió precisamente de esa esquina, y uno de los impulsores del proyecto, Eric Smyth, aportó el primer juego de camisetas azules y blancas que terminaron de darle identidad al equipo.
En aquellos primeros años, el club era puro barrio y trabajo a pulmón. Unos veinticinco muchachos armaban todo: eran dirigentes, jugadores de la cuarta división y, cuando hacía falta, hasta preparadores y utileros. Se enfrentaban con rivales de la zona como Nacional de Adrogué, Las Mitas de Longchamps, Olimpia de Lomas de Zamora, Progreso de Temperley o Aconcagua, en torneos que se seguían a través del diario “Tribuna” y de la revista “Páginas”. Con el tiempo aparecieron equipos de tercera y también de veteranos, que tuvieron el orgullo de medirse con representativos de Los Andes, Temperley, Banfield, River, Boca, Lanús y hasta de la Asociación Argentina de Actores.
La vida institucional se sostuvo siempre en el compromiso de socios y dirigentes. La primera comisión directiva, encabezada por Juan C. Schulz, marcó el inicio de una larga cadena de conducciones que mantuvieron al club de pie. Hasta 1974 pasaron presidentes como Horacio Pedroncini, Italo Zuchini, Diego Kavanagah, José Mugica, Germán Cervio, Horacio Gorrini, Hans Kerwitz y Fidel Montiel. Más adelante llegó una generación clave, la que impulsó la afiliación del club a la AFA, con Luis Celia como presidente y un grupo de dirigentes que entendió que San Martín debía dar el salto al fútbol de la Asociación.
Desde entonces, el club fue escalando en el mapa del ascenso hasta esta etapa en la que San Martín de Burzaco ya no es solo un nombre de barrio, sino un protagonista estable de los torneos de AFA, sin perder su raíz popular ni su identidad comunitaria.
El corazón deportivo del club late en el estadio Francisco Boga, ubicado en Arenales 520, en Burzaco, el mismo predio donde funciona la sede social. El nombre del estadio es un reconocimiento a Francisco Boga, antiguo propietario del terreno, que se lo vendió al club en cuotas accesibles y permitió que la institución pudiera tener, por fin, su casa propia.
El campo de juego mide 97 metros de largo por 69 de ancho y el estadio tiene una capacidad aproximada de 9.000 espectadores, cifra que fue creciendo a medida que se incorporaban nuevas tribunas. La inauguración oficial de la cancha se dio el 29 de mayo de 1977, en un partido frente a Lamadrid, con triunfo 2–0 para San Martín. Amarilla Barrios convirtió el primer gol a los 28 minutos del primer tiempo e Intrigo marcó el segundo a los 30 del complemento. Para muchos vecinos, ese día significó algo más que un partido: fue el momento en que el club dejó de ser “prestado” y pudo decir que tenía su propio estadio.
Durante muchos años, el Francisco Boga tuvo solo gradas de madera y chapa, muy típicas del ascenso. En 2009 llegó un cambio importante con la inauguración de la primera tribuna de cemento en el ex sector visitante, la popular Mariano Gutiérrez, de 18 metros de largo por 11 escalones de alto. Allí se ubica una de las facciones de la hinchada y se transformó rápidamente en uno de los sectores más encendidos de la cancha.
El crecimiento continuó con la construcción de nuevas tribunas. En 2013 se inauguró la popular David Canedo, de 30 metros de largo y 17 escalones, con capacidad para unas 2.000 personas. Un año después, en 2014, se sumó la social Nancy Quiroz, de 33 metros por 11 escalones, construida con losetas adquiridas del antiguo estadio de Deportivo Morón. Ese detalle resume bien el espíritu del ascenso: reciclar, aprovechar y transformar para seguir creciendo.
En 2015 se vivió uno de los momentos más emotivos en la historia reciente del Francisco Boga, con la inauguración de la platea Emanuel Ortega, una tribuna elevada de 27 metros de largo, seis filas de butacas y capacidad para 250 personas. Lleva el nombre del defensor jujeño que jugó en San Martín y falleció tras un golpe en la cabeza durante un partido ante Juventud Unida, un hecho que conmovió a todo el fútbol argentino. El día de la inauguración, en un 3–3 agónico frente a Argentino de Merlo, la familia de Emanuel fue la primera en pisar la nueva platea. A fines de 2019, un grupo de hinchas se encargó de financiar, comprar e instalar las butacas, en una obra que nació directamente del cariño y el esfuerzo popular.
En 2023 el club construyó seis cabinas de transmisión para la prensa, sustituyendo las viejas estructuras provisorias. Las losetas compradas a Deportivo Morón se siguen reutilizando para ampliar tribunas y también se usan en otros espacios de la institución.
Un paso decisivo para la modernización del estadio fue la iluminación. El 8 de mayo de 2023 comenzó la obra del sistema lumínico, con la instalación de cuatro torres nuevas que se sumaron a las dos ya existentes, también procedentes del ex estadio de Morón. El estreno de las luces se dio el 25 de agosto de 2023, en la victoria 1–0 frente a Alem, que quedará recordada como la noche en que el Francisco Boga empezó a vivir el fútbol bajo los reflectores.
En paralelo, el club encaró la construcción de nuevos vestuarios debajo de la platea, ya inaugurados para el equipo local y el cuerpo arbitral, y hacia fines de 2024 comenzó la obra de riego automático del campo de juego. En la planificación futura aparecen el reemplazo del alambrado olímpico y la construcción de palcos sobre las cabinas de transmisión. La antigua popular Mariano Gutiérrez, además, está en plena ampliación, con la idea de extenderla a lo largo de todo el lateral y alcanzar una capacidad cercana a las 3.000 personas.
La sede social del club comparte dirección con el estadio, en Arenales 520, y es el segundo gran punto de encuentro de la vida sanmartiniana. Allí se realizan las reuniones de comisión directiva, se organizan actividades culturales y se desarrollan varias disciplinas deportivas.
Dentro del predio funciona el microestadio Ramón Amate, uno de los más importantes de la zona. Tiene 54 metros de largo por 27 de ancho y tres tribunas de cemento, también construidas con losetas recuperadas del viejo estadio de Deportivo Morón. Es el segundo microestadio más grande del partido, solo por detrás del polideportivo municipal de Almirante Brown, y es utilizado para patín, boxeo, balonmano, futsal, baby fútbol y otros deportes, además de servir como escenario para festivales y eventos comunitarios.
En resumen, San Martín de Burzaco es hoy un club que combina historia, identidad barrial y crecimiento constante. Un lugar donde la pelota sigue siendo la excusa perfecta para reunir a varias generaciones y donde cada obra, cada tribuna y cada mejora en el predio se vive como lo que es: una conquista colectiva de un club que nació en una esquina de barrio y se convirtió en orgullo de toda una ciudad.